Joel Engelsztajn

El 16 de mayo del 2010 nació nuestro hijo Joel a las 36 semanas de gestación, en ese momento y según los cálculos del médico eran 37.
Nació por cesárea y todavía sus pulmones no estaban preparados… tuvo 3 neumotórax y hipotensión arterial en sus primeras 24 horas de vida. Mi pequeño hijo de tan solo un día de nacido estaba luchando por sobrevivir, el 17 de mayo los médicos de la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales lo trasladaron del Hospital Cima al Hospital de Niños, aún recuerdo su pequeño cuerpecito de piel casi transparente lleno de cables en la incubadora de traslado neonatal, verlo alejarse de nosotros tan pequeñito y no poder tomar su manita, no poder sostenerlo, consolarlo… el recuerdo de los primeros días es desgarrador.
Joel estuvo ingresado por 10 días en SECIN, los más duros de nuestras vidas y también en los que más hemos aprendido de la vida…  esa sensación de desolación, miedo, culpa y tristeza permanente, el tenerse que ir por las noches y no llevarte a tu hijo, entender lo que significa la palabra estable y aprender a esperar y querer por sobre todas las cosas ocupar su lugar y protegerlo y que no sienta dolor… pero también el significado de la esperanza, el regocijo con cada pequeño avance de cada kilo ganado, de cada cable menos, de la primera vez de poderlo alzar y sentir su piel contra la mía de adaptarnos a las circunstancias y sobrevivir.
El agradecimiento a los doctores y personal de SECIN es infinito, ellos dejan el alma con cada bebé ingresado al servicio, a las personas que se solidarizan y a sus muestras de afecto.
Gracias a Dios nuestro hijo tiene 6 años es un niño espectacular lleno de energía y verlo crecer cada día sigue siendo un milagro, nuestro pequeño gladiador.
Cada vez las cicatrices son más pequeñas y las que aún le quedan ya ha ido conociendo sus historias.
Le encanta jugar al fútbol y quiere ser portero, científico y músico (se me está haciendo grande) y yo estoy segura que va a lograr ser lo que él se proponga y lo único que espero es que sea FELIZ.
Hay muchísimas historias que pasan por el Servicio de Cuidados Intensivos Neonatales, a algunos padres les toca más fácil que ha otros, el camino no es el mismo para ninguno, pero hay una cosa que todos tenemos en común y es que cuando vemos a nuestros hijos vemos guerreros, bebes que han peleado más de lo que podemos imaginarnos y que no importa la lucha que siga estamos dispuestos a hacerla juntos y que cada día cuenta y es ganancia.